sábado, 14 de enero de 2012

Memoria llena.

Estamos hartos de toparnos con ese mensaje, en cámaras de fotos, de vídeo, tarjetas USB, DVDs, móviles... dan rabia, pero no se le puede poner solución. A no ser que se vacíe para volver a llenarla de nuevo, o coger una memoria nueva que la reemplace.
Puede que nos fastidie, pero lo asumimos, porque hay siempre una alternativa.



¿Qué pasa con nuestra mente? ¿Cuándo puede decirse que está totalmente ocupada, al 100%? ¿Cuándo tenemos que empezar a alarmarnos? No hablo de acumulación de vivencias que se han convertido en recuerdos. Porque de ellos los más importantes perduran, así que no hay temor por nuestra parte. Hablo más bien de algo más... abstracto.

Los pensamientos, esas pequeñas (o grandes) ideas que cruzan nuestra mente en un momento dado y pueden ir encadenándose con otras para acabar formando estructuras más grandes. Éstas, a su vez, pueden dar lugar a hipótesis o incluso conclusiones. Son palabras sin letras que nos hace que algo se mueva en nuestro interior, ya sea para reflexionar o para buscar el por qué de algún asunto. Hacen que en ese pequeño gran mundo oculto bajo nuestra cabeza se muevan miles de mecanismos que a estas alturas ningún ser humano ha llegado a comprender del todo, pero que saben con certeza que nos hacen ser quién somos.
Volviendo a la pregunta anterior... por muy potente y profunda que sea nuestra mente, ¿es posible que pueda llegar sobrecargarse, a ser ocupada del todo? ¿Pueden ideas invisibles y abstractas hacernos sentir pesadez física?
Imposible. Lógicamente imposible.
Pero ¿es que acaso el ser humano se rige por la lógica en todo momento? Es más... si no fuera por nuestra conciencia, si sólo actuáramos por impulsos... ¿existiría el concepto de lógica?
No lo creo. Pero que algo no sea lógico no lo convierte en falso, no deja de existir. Si no, como se ha dicho más arriba, un mero cúmulo de ideas abstractas, repentinas y no siempre relacionadas entre sí, no nos harían sentir esa pesadez física ni ese vacío en el estómago.

Es increíble... el cerebro, la mente... increíble. Te puede cambiar el ánimo e incluso el curso de tu metabolismo en tan solo unos instantes, cuando unas ideas afectan a tu conciencia. Puedes estar muy feliz, creer que nada va a destruir tus planes ni motivaciones, y que unas palabras te hagan caer en lo más hondo. Peor aún: que esas palabras sean extensas y que a medida que vas avanzando, más hondo vayas cayendo, y más ideas vayan entrelazándose en la mente a velocidad imparable. Todo ¿para qué? Para intentar entender lo que está pasando, lo que ha hecho agitar nuestro estado de ánimo.
Te paras en seco, intentas asimilar toda esa nueva información (que suele ser alguna noticia o información que hasta ahora era desconocida para ti), y empiezas a relacionar esa nueva información con pensamientos y ocurrencias pasadas... Si se empiezan a atar cabos (que den lugar a otras informaciones que te sorprenden negativamente), entonces empieza el caos. Más y más pensamientos acuden a la llamada de la nueva para acumularse y hacerte creer que así llegarás a alguna conclusión. Al principio la recopilas toda, la vas analizando, pero aunque lo intentas, no das con un por qué. Cuánto más lo buscas, más pesada se vuelve la cabeza y más confuso todo. Esos "¿y si...?" o "¿entonces lo que pasaba era que...?" te carcomen hasta que tu estómago parece hundirse mientras el corazón suelta suspiros de cansancio. Pensar en la posibilidad de haber estado en la idea equivocada por falta de información hace que los pensamientos aún corran con más velocidad, intercalando recuerdos felices con la palabra "falso". Intentas hacerte una idea de lo que está pasando, y solo sientes miedo, preocupación, tanto por el presente, como por el pasado y el futuro. Casi no sabes ni dónde te encuentras. No es hasta después de un rato que decides parar, desviar tu atención hacia otra cosa con tal de olvidar momentáneamente todo lo que se ha formado en tu mente. Intentas buscar alguna distracción, un libro, una canción, salir de la habitación... y funciona, pero por tiempo limitado. Puedes sentir ese peso en tu interior, y al echarle un breve vistazo, tu corazón sufre un leve pinchazo.

¿Qué hay de la felicidad que parecía imbatible apenas 10 minutos atrás? Nada parece tener ni siquiera un lado positivo. ¿Qué he hecho mal?
¿Debo aplicar la solución de "Borrón y cuenta nueva" o "formatear" para que en mi mente haya un espacio nuevo? ¿Tengo que eliminar todo el contenido para ponerle solución a la situación? La mente puede llegar a vaciarse de esos pensamientos si uno le pone empeño, pero cuando van tan ligados al corazón, la tarea se vuelve delicada, y más si nos damos cuenta que, en realidad, todos aquellos pensamientos pasados que creíamos borrados siguen ahí si recurres a ellos.

Impotencia. Cuando no sabes ni siquiera cuál es el verdadero origen de todo este cúmulo, y por tanto no puedes luchar contra él ni ponerle solución. Cuando no sabes qué responderte a ti mismo cuando realmente te preguntas: "¿Qué me pasa? ¿Qué me hace sentir así?"
Cuando quieres llorar para echarlo todo fuera y no puedes porque no puedes enfocarlo hacia algo en concreto.
Cuando lo que te carcome eres tú mismo porque te ves culpable, aunque no sepas ni siquiera de qué.
Cuando te das cuenta de que estabas equivocado en cuanto a tus propios sentimientos, y menos los entiendes ahora.
Cuando no sabes hacia dónde mirar ni cómo empezar a caminar.
Cuando dudas de un futuro tan inmediato como el que hasta apenas minutos atrás tenías tan claro.

...

A veces quisiera poder tener una memoria intercambiable. Que pudiera formatearla y que entonces volviera a llenarla con cosas realmente imprescindibles. O que al menos, aunque no la formateara, que pudiera dejarla fuera de mí por un tiempo, hasta que nuevas cosas hubieran restaurado mi interior. Eso sería genial... si fuéramos máquinas y no afectáramos a nuestro alrededor.
Porque aunque lográramos deshacernos de esos pensamientos, la situación con la gente relacionada con ello no cambiaría en absoluto.

Quizás por eso... el truco sea no pensar tanto, no dar tanta importancia a toda la información que recibimos, y más si son principalmente suposiciones que nos vamos creando con datos recopilados de forma aleatoria. Es fácil decirlo y complejo hacerlo, pero quizás no imposible. Porque aquí una servidora sabe de lo que habla cuando se refiere a toparse con información repentina y que afecta tanto a nuestro pasado (al recordar nuestros pensamientos de entonces), al presente (al ver cómo ha cambiado la situación e intentar adaptarse a ella) y al futuro (porque al tratar según que temas, nuestros pensamientos abarcaban objetivos o ideas a largo plazo).
Pensar tanto, pesa. Y recrearnos en ello solo puede crear una metástasis que tampoco arregla nada.
Así que, mejor no pensar, al fin y al cabo. Más bien seguir sin pararse demasiado tiempo en cosas que solo nos hacen caer.


Si alguien sabe una forma rápida y eficaz, por favor que me lo diga. Y que también me adjunte el manual de instrucciones de la mente, si es tan amable.
Gracias~





Siéntete libre para saltarte este post, es mera palabrería sin sentido cuya función no es otra que intentar ordenar un poco todo lo que gira por mi cabeza. Es tan ilógico y relativo que incluso puede que en cuanto intentes entenderlo, lo haya olvidado.

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